Génova, Italia
9/01/2011
Génova, capital de Liguria, es una ciudad de trazado anárquico y caótico, poblada por seiscientos mil habitantes, que se alza en vertical esperando ser descubierta. Y el mejor modo de hacerlo es recorrer a pie su enredada maraña de calles, plazoletas y callejones.
Zena -tal cómo la llaman los genoveses- puede disfrutarse desde el aire, concretamente desde el furnicular del Largo Della, que llega hasta la estación Righi, uno de los puntos más altos de la ciudad donde se encuentra el Observatorio Astronómico y el parque de Mura, que alberga numerosas fortalezas que servían de defensa contra los sarracenos.
Desde allí podemos descender a pie por infinitas y pintorescas escaleras hasta el mismo centro de la ciudad. Por el camino podemos visitar la cripta de La Madonetta, que alberga un pesebre con escenas de la Génova medieval.
Bajando un poco más llegaremos al elegante barrio de Castelletto y al Castello D'Albertis, que alberga el museo etnográfico. Por esta zona ya veremos los edificios de color naranja más característicos de Génova. Desde Castelletto podemos tomar un ascensor público que baja directamente hasta la piazza de Portello.
El casco antiguo, centro neurálgico de Génova y uno de los más grandes de Europa, es un lugar ideal para perderse, lleno de vetustos y serpeteantes callejones que llevan marcados el paso de los siglos. Aqui encontraremos, además de todo tipo de comercios, abundancia de bellas fuentes, como la de la Piazza delle Erbe, lugar de encuentro entre intelectuales y estudiantes. numerosas iglesias y la catedral románico-gótica de San Lorenzo, en cuyo interior se encuentra el Sacro Catino, al que muchos consideran el auténtico Santo Grial. La plaza Ferrrari y la Mateotti dan acceso a la Génova reciente y a la renancentista, respectivamente. En la plaza Mateotti se encuentra el Palazzo Ducale, escenario de la mayoría de actos y espectáculos culturales. Las calles Garibaldi y Carola contienen un sinfín de patrimonio cultural, plagado de palacios y museos. También la calle Balbi merece ser visitada, pues en ella encontramos el Palazzo Reale, residencia de los Saboya.
Los edificios de la ciudad, normalmente de seis o siete pisos y con bellos patios de mármol, se erigen inclinados de espaldas al mar, hecho que les protegió de inclemencias y desastres de todo tipo.
El Puerto de Génova, industrial y de pasajeros, es el más grande de Italia y uno de los principales destinos de los cruceros que surcan el Mediterráneo. En él encontramos espacios de ocio, tiendas, el faro (o la Linterna, como se le conoce allí), y el acuario más grande de Europa.
Para moverse por Génova, es muy recomendable adquirir la Tarjeta de museos, que permite libre acceso a todos los museos de la ciudad, así como usar libremente la red de metro y autobuses.
Zena -tal cómo la llaman los genoveses- puede disfrutarse desde el aire, concretamente desde el furnicular del Largo Della, que llega hasta la estación Righi, uno de los puntos más altos de la ciudad donde se encuentra el Observatorio Astronómico y el parque de Mura, que alberga numerosas fortalezas que servían de defensa contra los sarracenos.
Desde allí podemos descender a pie por infinitas y pintorescas escaleras hasta el mismo centro de la ciudad. Por el camino podemos visitar la cripta de La Madonetta, que alberga un pesebre con escenas de la Génova medieval.
Bajando un poco más llegaremos al elegante barrio de Castelletto y al Castello D'Albertis, que alberga el museo etnográfico. Por esta zona ya veremos los edificios de color naranja más característicos de Génova. Desde Castelletto podemos tomar un ascensor público que baja directamente hasta la piazza de Portello.
El casco antiguo, centro neurálgico de Génova y uno de los más grandes de Europa, es un lugar ideal para perderse, lleno de vetustos y serpeteantes callejones que llevan marcados el paso de los siglos. Aqui encontraremos, además de todo tipo de comercios, abundancia de bellas fuentes, como la de la Piazza delle Erbe, lugar de encuentro entre intelectuales y estudiantes. numerosas iglesias y la catedral románico-gótica de San Lorenzo, en cuyo interior se encuentra el Sacro Catino, al que muchos consideran el auténtico Santo Grial. La plaza Ferrrari y la Mateotti dan acceso a la Génova reciente y a la renancentista, respectivamente. En la plaza Mateotti se encuentra el Palazzo Ducale, escenario de la mayoría de actos y espectáculos culturales. Las calles Garibaldi y Carola contienen un sinfín de patrimonio cultural, plagado de palacios y museos. También la calle Balbi merece ser visitada, pues en ella encontramos el Palazzo Reale, residencia de los Saboya.
Los edificios de la ciudad, normalmente de seis o siete pisos y con bellos patios de mármol, se erigen inclinados de espaldas al mar, hecho que les protegió de inclemencias y desastres de todo tipo.
El Puerto de Génova, industrial y de pasajeros, es el más grande de Italia y uno de los principales destinos de los cruceros que surcan el Mediterráneo. En él encontramos espacios de ocio, tiendas, el faro (o la Linterna, como se le conoce allí), y el acuario más grande de Europa.
Para moverse por Génova, es muy recomendable adquirir la Tarjeta de museos, que permite libre acceso a todos los museos de la ciudad, así como usar libremente la red de metro y autobuses.
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